Me cambiaron a mi abuelita

me cambiaron tragame tierra

Estaba con mis abuelitos y fuimos a un lugar de artesanías, pero cuando entramos al local, nos separamos. Mi abuelita tenía puesta una blusa de color azul y vi que estaba viendo unas postales, así que decidí sorprenderla abrazándola y diciéndole: “¿qué vas a comprar, Mishita?”. Después, solo se escuchó un grito horrible, ¡no era mi abuelita, sino otra señora! El esposo de la mujer me lanzó una mirada asesina y yo, supernerviosa, traté de explicarle que confundí a la señora con mi abuelita. Afortunadamente, en ese momento mi abue se acercó. Morí de pena y quería que me tragara la tierra.

Toni

Grito agudo

Fui al parque con mi amiga Alejandra, estábamos jugando voleibol cuando ella le pegó muy fuerte a la pelota y se quedó atorada en una rama, así que se subió al árbol para bajarla. Yo estaba esperándola cuando vi que un perro se acercaba; como me dan muchísimo miedo, empecé a gritar muy fuerte, tanto que hasta el animal se asustó y salió corriendo. Mi amiga y yo no podíamos de la risa.

Loquilla

Despistada

Cuando llevaba casi tres meses con mi novio fue su cumpleaños, yo estaba muy nerviosa porque no tenía idea de qué regalarle, ya que no conocía muy bien sus gustos. Quería superlucirme porque iba a estar con toda su familia, y entonces decidí obsequiarle un gatito adoptado. Yo, muy feliz, lo puse en una cajita con huequitos, y cuando llegué a su casa le pedí que lo abriera primero que todos. Al ver al felino hizo una tremenda cara de decepción y me dijo: “¡Soy alérgico!”. Yo solo quería que me tragara la tierra.

Lauris

Mala suerte

Estaba en el receso con mis amigas tomando un té y, como sonó la campana, corrimos al salón porque no queríamos llegar tarde. Al entrar, me tropecé con la maleta de un compañero y me regué todo el té encima. Para mi mala suerte, ya estaban casi todos mis compañeros en el salón y se rieron de mí. Lo bueno: el té, por fortuna, estaba frío.

Estela

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