¡Portazo!

portazo

El receso estaba por terminar, así que de camino a mi salón vi al chico más lindo de mi generación. Como no quería terminar el bachillerato sin darle un beso, lo miré fijamente, y así, con paso supersexi, me dirigí hacia él, segura y dispuesta a robarle un beso, ¡era mi oportunidad! Pero a unos pasos de llegar a mi objetivo, un loser abrió la puerta del salón por el que iba pasando y la estrelló en mi nariz, y me dejó en el suelo, un poco ensangrentada y viendo cómo se alejaba mi crush. ¡Qué tristeza!

Valery

La persona equivocada

Soy adicta al WhatsApp y me la paso conversando con todo el mundo en todo momento, así que a veces me confundo de destinatario. Hace poco, mientras estaba de vacaciones en la playa, me tomé unas selfies para mi novio, pero no me di cuenta y en vez de enviárselas a Luis (mi novio) se las envié a Carlos (mi ex). Lo peor fue el mensaje: “Te mando un regalito para que dejes de extrañarme”. Al día siguiente, mi ex subió a su muro un pantallazo de mi mensaje y lo siguiente: “Aunque no te extraño, te agradezco el regalo”, ¡y me etiquetó! Mi novio se enojó muchísimo y estuvo a punto de terminarme, por suerte creyó mi historia y sigue conmigo. ¡Qué oso!

La whatsappera

Huevo volador

Tenía una cita con el chico de mis sueños, pero cerca de donde nos íbamos a ver había una manifestación, así que, con el tiempo encima, decidí pasar atrás de unos policías que impedían el paso de los manifestantes. Cuando creí que me encontraba a salvo, sentí un golpe en la cabeza, seguido de un líquido espeso. Pensé que era sangre, pero no, ¡era un huevo podrido que los protestantes habían lanzado y que por mala suerte me cayó a mí! Y lo peor: dejé plantado a mi crush.

Pam

De lengüita

Acabo de estrenar novio y ¡es mi primer todo! Conquista, cita y hasta beso. Y a propósito de besos, crecí creyendo que eran asquerosos, por lo que la primera vez que me dio uno, no sabía qué hacer, así que me limité a mover mis labios y me dejé llevar. Todo iba muy bien hasta que a él se le ocurrió meter la lengua a mi boca, ¡y sentí asquito! Sin pensar, lo rechacé y le dije: “¡Guácala!”; él se indispuso y yo deseaba que me tragara la tierra.

Licha